--> una nueva voz para las mujeres <--
12, 21 de 2005-12-21 de 2005
EL SECRETO MEJOR GUARDADO por Juan Cueto
A finales de la década de los noventa ocurrió uno de los acontecimientos más notables de la posmodernidad. Lo recuerdo perfectamente porqe me impresionó. Estaba zapeando distraídamente y de pronto, en la pantalla, una pandilla de mujeres mayores de 30 hablaba normalmente de sexo. No se trataba de un consultori sexual tipo Elena Ocho o Lorena Berdún, ni siqiera de una terapia de grupo de la escuela argentina filmada en plan reality. Sólo era una animada conversación femenina de mujeres en una cafetería chic del sureste de Nueva York en la qe cuatro
chicas estaban revelando con pasmosa naturalidad nada menos qe el secreto mejor guardado y qe siempre obsesionó a los hombres de todas las edades y generaciones: ¿De qé hablan las mujeres cuando están solas?
Aqélla fue una mutación como la copa de un pino y todo ocurrió de la manera más tonta. Cuando Sarah Jessica Parker y sus tres amigas, en una teleserie de la cadena de pago HBO, empezaron a charlar con naturalidad de sexo y otros asuntos incógnitos mientras devoraban sushis y salivaban por bolsos Fendi y zapatos Manolo Blahnik. Aqel día se derrumbó otro muro de Berlín, de los muchos qe por entonces caían a pedazos; por fin, gracias a la TV, se desveló el secreto.
Porqe la novela nunca supo responder a este viejo arcano machista a pesar de qe desde la década de los ochenta ya está comprobado científicamente qe la masa lectora sólo es femenina. Y en cuanto al cine, las conversaciones de celuloide entre mujeres metropolitanas no hicieron más qe amplificar el gran secreto y los cinéfilos siempre creímos qe las mujeres, cuando estaban solas, hablan sexo por metáfora, por metonimia o por jeroglíco. Tuve qe pillar un capítulo de Sex & the city para entender qe las conversaciones entre mujeres eran como las de los hombres cuando están en el bar, pero bastante más ingeniosas, fluidas, descaradas y con detalles eróticos. Algunos sostienen qe el posfeminismo también empezó allí.
En cualqier caso, después de las conversaciones de Sarah y sus amigas, tan contrarias a las de la antigua pandilla treintañera de Friends, ya nunca más fue posible zascandilear con el famosos género de las conversaciones entre mujeres. Es más, la propia HBO, adrenalizada por el éxito, intentó la misma operación con el sexo opuesto en la serie Lo qe los hombres no cuentan, ambientada esta vez en Chicago, y también entre periodistas. No le recomiendo a ninguna de las tropecientas cadenas españolas en la lucha por el share español qe la fichen, porqe la serie fue un fracaso anunciado. Sabemos perfectamente de qé hablan los hombres cuando están solos.
Otro de los misterios qe resolvió Sexo en Nueva York es la extraña y potente mitología actual de Sarah Jessica Parker, qe gusta por igual a las mujeres independientes mayores de 30 qe a las peqeñitas qe acaban de estrenar Visa azul. En principio, o en el principio, de la chica de Ohio, Sarah no tenía ningún número para participar en la lotería del estrellato de Hollywood, y nadie habría apostado un dólar por ella. Ni era neumática ni erótica ni simbiótica. Era una chica normal qe un día se hizo mediática por la sencilla razón de qe empezó a hablar con desparpajo de sexo y hombres en la peqeña pantalla, coleccionaba zapatos de firmas, vestía tutús por Manhattan, sabía escribir columnas y además, al final de la escapada, era romántica.
Y ésta es la diferencia entre las mitologías de la pantalla grande y las catódicas. El Eros de Hollywood sigue traficando con las mujeres bomba, pero las telemitologías sólo endiosan las heroicidades de lo normal. Nada de supermanes o supermujeres. Sarah era y es la perfecta every-woman qe de un solo taconazo con sus manolos supo dar con la fórmula matemática qe soñábamos a finales de siglo: TV + Nueva York + sexo + posfeminismo + moda.
A finales de la década de los noventa ocurrió uno de los acontecimientos más notables de la posmodernidad. Lo recuerdo perfectamente porqe me impresionó. Estaba zapeando distraídamente y de pronto, en la pantalla, una pandilla de mujeres mayores de 30 hablaba normalmente de sexo. No se trataba de un consultori sexual tipo Elena Ocho o Lorena Berdún, ni siqiera de una terapia de grupo de la escuela argentina filmada en plan reality. Sólo era una animada conversación femenina de mujeres en una cafetería chic del sureste de Nueva York en la qe cuatro
chicas estaban revelando con pasmosa naturalidad nada menos qe el secreto mejor guardado y qe siempre obsesionó a los hombres de todas las edades y generaciones: ¿De qé hablan las mujeres cuando están solas?
Aqélla fue una mutación como la copa de un pino y todo ocurrió de la manera más tonta. Cuando Sarah Jessica Parker y sus tres amigas, en una teleserie de la cadena de pago HBO, empezaron a charlar con naturalidad de sexo y otros asuntos incógnitos mientras devoraban sushis y salivaban por bolsos Fendi y zapatos Manolo Blahnik. Aqel día se derrumbó otro muro de Berlín, de los muchos qe por entonces caían a pedazos; por fin, gracias a la TV, se desveló el secreto.
Porqe la novela nunca supo responder a este viejo arcano machista a pesar de qe desde la década de los ochenta ya está comprobado científicamente qe la masa lectora sólo es femenina. Y en cuanto al cine, las conversaciones de celuloide entre mujeres metropolitanas no hicieron más qe amplificar el gran secreto y los cinéfilos siempre creímos qe las mujeres, cuando estaban solas, hablan sexo por metáfora, por metonimia o por jeroglíco. Tuve qe pillar un capítulo de Sex & the city para entender qe las conversaciones entre mujeres eran como las de los hombres cuando están en el bar, pero bastante más ingeniosas, fluidas, descaradas y con detalles eróticos. Algunos sostienen qe el posfeminismo también empezó allí.
En cualqier caso, después de las conversaciones de Sarah y sus amigas, tan contrarias a las de la antigua pandilla treintañera de Friends, ya nunca más fue posible zascandilear con el famosos género de las conversaciones entre mujeres. Es más, la propia HBO, adrenalizada por el éxito, intentó la misma operación con el sexo opuesto en la serie Lo qe los hombres no cuentan, ambientada esta vez en Chicago, y también entre periodistas. No le recomiendo a ninguna de las tropecientas cadenas españolas en la lucha por el share español qe la fichen, porqe la serie fue un fracaso anunciado. Sabemos perfectamente de qé hablan los hombres cuando están solos.
Otro de los misterios qe resolvió Sexo en Nueva York es la extraña y potente mitología actual de Sarah Jessica Parker, qe gusta por igual a las mujeres independientes mayores de 30 qe a las peqeñitas qe acaban de estrenar Visa azul. En principio, o en el principio, de la chica de Ohio, Sarah no tenía ningún número para participar en la lotería del estrellato de Hollywood, y nadie habría apostado un dólar por ella. Ni era neumática ni erótica ni simbiótica. Era una chica normal qe un día se hizo mediática por la sencilla razón de qe empezó a hablar con desparpajo de sexo y hombres en la peqeña pantalla, coleccionaba zapatos de firmas, vestía tutús por Manhattan, sabía escribir columnas y además, al final de la escapada, era romántica.
Y ésta es la diferencia entre las mitologías de la pantalla grande y las catódicas. El Eros de Hollywood sigue traficando con las mujeres bomba, pero las telemitologías sólo endiosan las heroicidades de lo normal. Nada de supermanes o supermujeres. Sarah era y es la perfecta every-woman qe de un solo taconazo con sus manolos supo dar con la fórmula matemática qe soñábamos a finales de siglo: TV + Nueva York + sexo + posfeminismo + moda.